martes, 21 de julio de 2009

MELANIE KLEIN


Principal representante de la escuela inglesa. M. Klein abrió un nuevo rumbo para la teoría pues fue ella quien traslado el énfasis a las relaciones objetales.
El principal interés de esta teórica es el mundo interno, como espacio mental donde interactúan los objetos. Para ella se nace con el yo, relación objetal.
Planteó dos posiciones básicas:
1. Posición Esquizo-paranoide
Klein sostiene que la ansiedad se origina en la acción interna del instinto de muerte. La alteración del equilibrio pulsional es inaugurada por el nacimiento y se repite cada vez que privaciones de origen interno o externo intensifican las pulsiones agresivas.
Klein considera que el niño está en un conflicto pulsional entre la libido y la agresividad desde los inicios, conflicto que encara a través de la deflexión (desviación) del instinto de muerte y la constitución de un objeto escindido.
Supone la existencia de un yo temprano, débil y no integrado pero no obstante capaz de instrumentar, bajo la acción de las pulsiones de vida, los primeros mecanismos de defensa: escisión, proyección, introyección. Estos mecanismos son de defensa ante la ansiedad de aniquilamiento. Ese yo incipiente registra la angustia, se relaciona con un primer objeto y opera mecanismos de defensa primitivos y, por lo tanto, extremos. Dicho de otro modo, opera con fantasías relacionadas con un objeto. En relación a las características de ese yo, Klein manifiesta su acuerdo con Winnicott en cuanto a considerarlo carente de cohesión y con una tendencia a integrarse que alterna con una tendencia a desintegrarse.
A partir de las primeras experiencias el lactante se relaciona con un objeto parcial bueno, resultante de la proyección de la pulsión de vida (pecho bueno) y con un objeto parcial malo, resultante de la proyección de la pulsión de muerte (pecho malo). Cuando la disociación se realiza bajo predominio de la pulsión de muerte encontramos que las características del objeto viran de bueno a idealizado y de malo a persecutorio, terrorífico. Las características de tales objetos están, por lo tanto, íntimamente relacionadas con las características de los impulsos que sobre ellos se proyectan. El pecho como primer objeto, y los objetos que se internalizan posteriormente, adquieren en los momentos en que el bebé atraviesa estados de frustración y odio las características oral-sádico, sádico-uretrales y sádico-anales de las pulsiones del lactante.
Se trata de objetos parciales tanto por constituirse a partir de una parcialidad del objeto causada por el dominio de la pulsión oral como por tener sólo una cualidad: bueno o malo. Puede decirse que el objeto parcial es totalmente bueno o totalmente malo.
Las privaciones, al intensificar las pulsiones agresivas, generan la voracidad con el consiguiente aumento de la frustración y, por lo tanto, de la ansiedad persecutoria. La voracidad es una emoción básicamente oral, muy vinculada con la envidia.
Considera que la fórmula instintual está constitucionalmente determinada, aunque toma en cuenta las características reales del vínculo en cuanto a su capacidad de acrecentar o atemperar la ansiedad persecutoria.
El pecho gratificador que ha sido internalizado bajo el dominio de la libido de succión es sentido como completo y actúa como núcleo del yo, contrarrestando los procesos de escisión y dispersión y favoreciendo la integración. O sea que la introyección estable del objeto bueno es una precondición para el desarrollo normal.
El clivaje o escisión del objeto se realiza principalmente por el clivaje de los impulsos y su proyección, secundariamente por las características de gratificación o frustración de la relación con el objeto. En la medida que el interjuego de introyección y proyección está en el origen del yo, la escisión del objeto implica la escisión del yo.
Durante la posición esquizo-paranoide hay momentos de integración del objeto y del yo, que implican un comienzo de la ambivalencia (carga afectiva o valor con que se carga un objeto, en términos de amor u odio), aunque en relación a objetos parciales
El progreso en los procesos de síntesis atenúa la escisión objeto bueno-objeto malo y lleva a que el niño se relacione con su madre como una totalidad. Esto inaugura la posición depresiva e inicia el Complejo de Edipo temprano.
En 1946, introduce un concepto en la elaboración de la posición esquizo-paranoide, aunque el uso de este mecanismo no es privativo de dicha posición. Este mecanismo es:
La Identificación proyectiva: Y lo considera como;
...una forma especial de identificación que establece el prototipo de una agresiva relación de objeto(...) Los ataques contra el pecho de la madre evolucionan también hacia ataques de naturaleza similar contra su cuerpo, el que pasa a ser sentido, por así decirlo, como una continuación del pecho, aún antes de que la madre pueda ser concebida como una persona total.
La identificación proyectiva descansa sobre fantasías, de tipo oral y anal, de expulsar afuera del self sustancias peligrosas o aspectos rechazados u odiados de la propia persona, y ubicarlos dentro del objeto con el propósito de dañarlo o de tomar posesión de él y controlarlo. El resultado es un empobrecimiento de la persona y un incremento del odio hacia el objeto. Sin embargo, también puede implicar aspectos positivos del yo que son colocados dentro de la madre. Esto también ocasiona empobrecimiento del yo, en tanto lleva a considerar como perdidas partes importantes del yo, incremento de la ansiedad persecutoria e idealización del objeto. De una u otra forma se colocan en el objeto partes del self, lo que implica que se trata de una identificación narcisista.
La consideración de la identificación proyectiva, con su complementaria, la identificación introyectiva, implica un concepto de espacio presente en las primeras relaciones de objeto.
Klein va complejizando los alcances del concepto considerándolo, en sus formas más evolucionadas, base de la capacidad de empatía. La introducción del estudio de los fenómenos confusionales, a partir de 1952, constituye una profundización de la teoría kleiniana, de indudable valor clínico. M.Klein llegó inclusive a considerar los estados confusionales como estados que se presentan normalmente en el pasaje entre las dos posiciones básicas, y que pueden dar lugar a la formación de núcleos confusionales que se encuentran en múltiples manifestaciones patológicas. Este concepto fue muy importante en el tratamiento de pacientes psicóticos y fronterizos y fue retomado y desarrollado por Bion, Rosenfeld y Otto Kernberg.
El exceso de escisión y proyección de partes del yo y de los objetos internos explica el perturbado juicio de realidad de las psicosis. La realidad, tanto interna como externa, resulta alterada, modificada por la adjudicación omnipotente de partes escindidas del yo al objeto. Esto se relaciona con la vivencia de fin del mundo del esquizofrénico. El uso excesivo de la escisión provoca el sentimiento de que el yo está hecho pedazos, pudiendo llegar a sentimientos de desintegración.
...el amor y la comprensión de la madre pueden ser considerados como el mejor aliado que tiene el niño para superar estados de desintegración y angustias de naturaleza psicótica.
Ciertas formas de deficiencia mental se relacionan con los efectos de un exceso de ansiedad persecutoria y mecanismos esquizoides en la temprana infancia. Klein considera que la identificación proyectiva es la base de muchas situaciones de ansiedad y se relaciona centralmente con la esquizofrenia y la paranoia; no sólo sustenta los sentimientos de fragmentación sino también los de confusión. Esto dificulta sobremanera discriminar entre las partes buenas y malas del self, entre el objeto bueno y malo y entre la realidad externa e interna.
Otro concepto acuñado por Klein es:
Envidia primaria :
Este desarrollo conceptual alejó a su discípula Paula Heimann y a otro pensador, Winnicott.
El concepto de envidia deriva de los trabajos acerca de la identificación proyectiva en su relación con el instinto de muerte y acerca de los estados confusionales. Klein supone que la envidia y el instinto de muerte tienen en común algo esencial: ambos atacan la vida y las fuentes de la vida. La envidia primaria corresponde a las formas arcaicas y masivas de la identificación proyectiva, destinadas a ubicar en el objeto la destructividad propia que está amenazando al yo. Implica no sólo la introyección destructiva propia de la voracidad sino también una modalidad destructiva de la identificación proyectiva. Supone el ataque sádico-anal y sádico-uretral al pecho bueno y a la capacidad creadora de la madre y se relaciona con lo que podríamos llamar ira narcisista ante la percepción de que el objeto tiene algo valioso.
Se diferencia de los celos por cuanto surge en una relación dual con un objeto parcial.
La envidia es el sentimiento enojoso contra otra persona que posee o goza de algo deseable, siendo el impulso envidioso el de quitárselo o dañarlo. Además la envidia implica la relación del sujeto con una sola persona y se remonta a la relación más temprana y exclusiva con la madre. Los celos están basados sobre la envidia, pero comprenden una relación de por lo menos dos personas y conciernen principalmente al amor que el sujeto siente que le es debido y le ha sido quitado o está en peligro de serlo por su rival.
Klein reconstruye el concepto a partir de la transferencia, especialmente la reacción terapéutica negativa, en la que considera que tiene gran importancia la envidia y las defensas contra la misma. Considera que su intensidad depende en gran medida de factores constitucionales (intensidad del instinto de muerte en relación al de vida). Es un sentimiento que daña la capacidad de gozar pues no permite la seguridad en el establecimiento del objeto interno bueno. La envidia al pecho nutricio estaría en la base de otras modalidades, como ser la envidia al pene. Tiene suma importancia en la patología de las posiciones, aportando a la génesis de los estados confusionales: al atacar al objeto bueno lo convierte en malo mediante la fragmentación y la proyección.
Su contrapartida es el sentimiento de gratitud, derivado de la capacidad de amar y de la elaboración de la ansiedad depresiva.
2. Posición depresiva
El cambio de la relación de objeto de parcial a total marca la entrada en la posición depresiva, modificando las ansiedades y, por lo tanto, las defensas.
De los tres a los seis meses se observa un mayor desarrollo de las funciones yoicas y de la organización fantasmática del bebé, la instauración del pecho bueno disminuye los procesos de escisión y los estados de integración son cada vez más frecuentes.
La ambivalencia es ahora hacia un objeto total, los procesos de integración y síntesis hacen que el conflicto entre el amor y el odio surja muy claramente, en el marco de un mayor reconocimiento de la realidad psíquica.
La ansiedad se modifica cualitativamente, el bebé está expuesto a la vivencia de pérdida pues las pulsiones agresivas ponen en peligro al objeto amado. Al ser percibida la madre como objeto total, como persona, se modifica la identificación del bebé con la misma. Es sentida como un refugio ante los temores persecutorios pero también se la considera expuesta al ataque de los perseguidores internos e, incluso, al propio odio y sadismo del bebé.
La pérdida en la realidad psíquica del objeto total confronta al niño a una nueva gama de sentimientos, al dolor y la tristeza se agrega la culpa, por cuanto la omnipotencia lo lleva a considerar que el peligro que corre el objeto es consecuencia de sus propios impulsos y fantasías.
Su objetivo es centralmente negar la realidad psíquica en cuanto es fuente de dolor y temores depresivos, esto implica cierta negación de la realidad exterior. La negación de la realidad psíquica puede implicar la negación del amor. La tríada maníaca está constituida por: control-triunfo-desprecio.
El control omnipotente, al estar aplicado ahora a la ansiedad depresiva, es utilizado para evitar la frustración y la consiguiente agresión, la que constituiría un peligro para el objeto.
La modificación del uso de la escisión consiste en que su aplicación deriva en un objeto indemne y un objeto muerto o moribundo, siendo el temor a que los objetos internos estén muertos o moribundos el núcleo de la aflicción en los estados depresivos. Los sentimientos de culpa ante la creencia de haber dañado al objeto amado ponen en marcha la tendencia a la reparación, originada en las pulsiones de vida. Klein considera unidas la culpa y la reparación. El niño vivencia la reparación de sus objetos en íntima relación con los logros de su propio desarrollo, de esta manera las ansiedades paranoides y depresivas van modificándose a lo largo de la primera infancia.
Son sumamente importantes en la reparación del objeto las defensas obsesivas, las que pueden también estar en relación a la ansiedad paranoide. El equilibrio entre las defensas obsesivas y las maníacas será determinante en la relación con el objeto que se teme dañado.
Al igual que en relación a la posición esquizo-paranoide Klein considera que un uso adecuado de las defensas disminuye la ansiedad y promueve la integración, pero un uso excesivo de las mismas dificulta y puede impedir la elaboración de las problemáticas específicas de cada posición, persistiendo constelaciones fantasmáticas que constituyen puntos de fijación.
Encontramos en la posición esquizo-paranoide los puntos de fijación de la esquizofrenia y la paranoia; en los inicios de la posición depresiva los puntos de fijación de la manía y la melancolía.
Conjuntamente con la posición depresiva se inicia el Complejo de Edipo temprano, ya que los procesos de integración llevan a la necesidad de preservar al pecho y a la madre como objeto total, estimulando el pasaje al pene paterno y al padre; y al reconocimiento del tercero. El bebé necesita proteger al objeto y al yo de la intensificación y modificación de la agresión provocada por las frustraciones orales (destete) y la dentición.
La elaboración de la posición depresiva es crucial en la capacidad posterior de elaborar duelos. Su superación supone la introyección estable del objeto amado y el establecimiento de la capacidad de reparar y simbolizar. Aunque los aspectos fundamentales se dan en la segunda mitad del primer año de vida, se va elaborando a lo largo de la primera infancia a través de la neurosis infantil...una combinación de procesos mediante los cuales las ansiedades de naturaleza psicótica son ligadas, elaboradas y modificadas. La neurosis infantil termina al comienzo de la latencia, con la modificación de las ansiedades tempranas y el dominio de las pulsiones genitales. Es en el desarrollo de la neurosis infantil donde vemos claramente el accionar de las defensas obsesivas y, a partir del segundo año, de la represión, mecanismo que, a diferencia de la escisión, no implica el riesgo de la desintegración del yo. Todos los aspectos del desarrollo contribuyen a la modificación de la ansiedad, la cual a su vez influye sobre dichos procesos.
En el segundo año, con el progreso en el desarrollo del yo, el niño utiliza su creciente adaptación a la realidad externa y su creciente control de las funciones corporales para poner a prueba los peligros internos por medio de la realidad externa.
Klein considera que el juicio de realidad es decisivo en el trabajo de duelo, y que en cada situación en que la persona se ve confrontada con el penar por la pérdida de objetos amados se consideran en peligro los objetos internos y la conexión con la realidad tiene como fin reestablecer el mundo interno destruido.
Cuando el niño pasa a través de la posición depresiva, lucha en su inconsciente con la tarea de establecer e integrar el mundo interno, del mismo modo que el sujeto en duelo sufre con el reestablecimiento y la reintegración de este mundo.
Según klein hay un Edipo y un súper yo temprano:
Complejo de Edipo Temprano
Este en su teoría queda desvinculado el Complejo de Edipo de la fase fálica tal como la describe Freud. Sus orígenes pasan a ser ubicados en las fases pre-genitales y la fase fálica tiene para Klein las características de fase genital completa. En los desarrollos teóricos previos a la formulación de la posición depresiva considera que las frustraciones orales (destete) constituyen el factor principal en la liberación de las tendencias edípicas. La ansiedad persecutoria junto a la búsqueda de reencontrar las gratificaciones que se obtuvieron con el pecho impulsan tanto a la niña como al varón hacia el pene, con el que se revive la doble relación conflictiva.
El pasaje a la relación triádica, o sea, del pecho al pene, se sostiene tanto en la fantasía oral de incorporación para calmar la frustración en relación al pecho como en la necesidad de buscar un nuevo objeto que amortigüe las fantasías retaliativas que sufre en relación a los ataques fantaseados al cuerpo materno.
Los análisis tempranos muestran que el conflicto de Edipo se hace presente en la segunda mitad del primer año de vida, y que al mismo tiempo el niño comienza a modificarlo y a construir su Superyo.
Esta definición de Klein implica una redefinición de la etapa fálica clásica. La amenaza de castración tiene como contenido primario y fundamental el temor al vaciamiento y destrucción del cuerpo del bebé. Pasa a poseer especificidad en ambos sexos en relación a los genitales masculinos y femeninos y la capacidad de procreación, la cual está ligada básicamente a las ansiedades de la posición depresiva y a la posibilidad de reparar los objetos amados.
El dolor y la preocupación por la pérdida temida de los objetos buenos, es decir, la posición depresiva, es, según su experiencia, la fuente más profunda de los conflictos dolorosos en la situación edípica, así como en las relaciones del niño con su medio ambiente general.
Las teorías sexuales infantiles son principalmente expresión del polimorfismo temprano y no de la desmentida de la castración en una lógica fálico-castrado. Dicha lógica aparece defensivamente, es decir, secundariamente.
Superyó temprano
En 1948 afirma que el desarrollo del Superyó es previo e independiente de Edipo, se origina en la escisión y proyección del instinto de muerte y condiciona el desarrollo del Complejo de Edipo.
La evolución del concepto de Superyó está íntimamente relacionada a la del concepto de posiciones. El Superyó tiene un doble origen, con aspectos buenos y malos. La introyección del primer objeto, el pecho materno, constituye el núcleo del Superyó en ambos sexos. En la relación con objetos parciales, a la internalización del pecho se suma la internalización del pene y ambos, en sus aspectos buenos y malos, se constituyen en los primeros objetos internos protectores y auxiliadores, por un lado, y atacantes y agresivos, por el otro. A esto se van sumando las internalizaciones de los padres como objetos totales y como figuras combinadas.
La evolución del yo y del Superyó sucede en forma paralela, formándose ambos a través de una larga serie de introyección, proyección y reintroyecciones, en una compleja relación dialéctica entre el mundo interno y el mundo externo. A lo largo de todo el proceso, se mantiene una estrecha relación entre el desarrollo del Yo, el Superyó y el Complejo de Edipo.Este modo de conceptualizar el origen del Superyó implica que el carácter del mismo corresponde más a una función que puede ser asumida por diferentes objetos internos, correspondientes a distintos momentos introyectivos-proyectivos, que a una estructura definitiva.
La última fase en el pensamiento kleiniano acerca del Superyó corresponde a 1958, cuando atribuye la formación del mismo, además de a procesos introyectivos, a un clivaje dentro del yo por el cual una parte se enfrenta a otra parte.
Técnica psicoanalítica del juego :
Klein reconoce el juego como una estrategia metódica para la terapia, ya que para ella es el predominio del inconsciente en el niño lo que determina el modo de representación simbólica.

2 comentarios:

  1. Muchas gracias, muy útil; sin embargo, recomiendo citar la fuente bibliográfica.

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  2. Y la segunda posición??

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